Festa della paella

Ciao ragazzi, come va?

Sigo poniéndome al día con las actualizaciones, contándoos lo que fue pasando por aquí justo después de los viajes varios del mes de marzo. Hoy nos remontaremos al 20 de marzo, el día de la «Festa della Paella».

Durante todo este tiempo ya os fui hablando un poco de nuestros compañeros de facultad. La verdad es que tenemos un grupo de amigos bastante majete: nos acogieron de maravilla, nos dan consejos sobre la facultad, nos orientan sobre los profesores, nos ayudan cuando tenemos cualquier duda sobre la ciudad… Han hecho un montón de cosas por nosotros, así que ya iba siendo hora de que tuviésemos un detalle con ellos. Así nació la idea de la «Festa della Paella», una cena en nuestra casa con todos los compañeros de facultad, para ofrecerles un menú típico español (salvando los posibles inconvenientes de la falta de alimentos «da terra»).

Poco a poco una simple cena se fue convirtiendo en el evento del siglo, durante la semana previa íbamos dedicando la hora de la cena a ultimar los detalles que quedaban pendientes: hacer elementos de decoración con material de reciclaje, descargar música en español, desarrollar un poco más el menú… Esta foto es un ejemplo de lo que os estoy contando. Aquí estamos haciendo farolillos con servilletas de papel.

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El menú final fue: pantumaca, un par de tortillas de patata, paella de pollo y verduras, bizcocho con una bola de helado, y luego el café y… ¡queimada!

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En nuestra defensa diré que no es nada fácil hacer un menú así de completo para 11 personas siendo sólo dos para cocinar, porque lo que parecía muy fácil en teoría se fue complicando poco a poco… Os cuento:

1.- Una tortilla de 10 huevos: Que una tortilla con 7 huevos no quede suficientemente jugosa, no significa que a la siguiente le puedas hechar todos los que te quedan en casa. Esa lección la aprendimos perfectamente cuando vimos las patatas flotando en la mezcla antes de echarla al fuego… Mi má!!, aquello se salía de la sartén, y para darle la vuelta… cómo pesaba!!! si le dábamos con la espumadera para remeter los bordes cuando ya estaba girada y se movía como un flan!!! Al final todo salió bien, no nos cayó nada, aunque acabamos con una tortilla tan alta como una tarta nupcial!!

2.- ¿Tenemos extintor?: Como no queríamos quedar mal con los invitados, hicimos un primer ensayo con la queimada antes de que llegara el público: cogimos una pota, vaciamos la botella de grappa, echamos unos granos de café, un par de mondas de limón… Luego, llegó el momento de ver si éramos capaces de hacer que aquello prendiera… mejor poco aguardiente en el cazo, sin azúcar… ¿lo calentamos?

Pues mientras Zaira miraba en internet la proporción exacta de azúcar por litro de grappa, me tocó a mi poner el cazo encima de los hornillos de la cocina para que fuese cogiendo temperatura. No nos dimos cuenta de que quedaba un poco en el fondo, y al cabo de unos segundos aquello empezó a arder. Resultado final: yo corriendo por la cocina al más puro estilo Benny Hill y gritando «sí que prende, sí que prende!!». En plena carrera las llamas se consumieron, así que seguimos con los experimentos mientras nos reíamos de lo que había pasado.

Al cabo de 1 par de minutos empezó a oler a quemado, y entonces Zaira con cara de susto empezó a señalar detrás de mi: «María, María, María!». El servilletero estaba ardiendo, por lo visto en mi carrera anterior había saltado el fuego a las servilletas de papel, y en ese tiempo se había ido formando una hoguerita. Otra vez el Benny Hill: voy a cogerlo con las manos, no plástico ardiendo+piel=malo, me doy la vuelta y cojo una manopla, espera, creo que tengo 2 manos, mejor vuelvo y cojo otra… al final la masa informe de plástico amarillo acabó en el fregadero y conseguimos sofocar las llamas con el grifo. No hubo heridos, sólo el servilletero, y tuvimos anécdota para toda la noche.

3.- Bizcocho vuelta y vuelta: Cuando hablaba de los inconvenientes de falta de ingredientes «da terra» me refería, además de a las patatas dulces italianas, a que no hay sobres de Levadura Royal. La única levadura en polvo que encontramos fue aromatizada a la vainilla, así que cogimos otra que decía que era especial para repostería. Cuando la abrimos vimos que eran unos granillos. Había que disolverlos en agua caliente, dejarlo reaccionar unos minutos y luego mezclar. Para entretenerte está genial, pero para que te suba el bizcocho sí que no vale. Con mi aplia experiencia en el mundo de la cocina, se me ocurrió pensar que aunque un día metas un bizcocho en el horno y no suba, no pasa nada, porque al día siguiente puedes volver a meterlo e igual cambia de opinión. Así nació la idea del «bizcocho vuelta y vuelta», que es el clásico bizcocho de yogur, con una masa totalmente compacta y horneado por arriba y por abajo. Lo mejor de la noche, cuando lo probaron y preguntaron si era tarta de manzana, jej.

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Pasamos momentos de tensión durante toda la tarde, además de los ya relatados, la falta general de material de cocina y de tiempo para organizar todo, sin embargo podéis ver en las fotos que al final comimos de miedo, y lo pasamos genial. Ahora hay que buscar fecha para la próxima, pero antes habrá que hacerse con un servilletero nuevo ¿no?

Ci vediamo domani!! Un bacione ragazzi!!